Sumisión química, pornografía y agresiones sexuales
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Existe una relación entre la violencia sexual facilitada por drogas y la pornografía
Violencia sexual facilitada por drogas o "sumisión química"
La violencia sexual facilitada por drogas es un grave problema de salud pública. Denominada popularmente “sumisión química”, comprende aquellas agresiones en las que el perpetrador se aprovecha de personas inconscientes o incapacitadas por los efectos de sustancias psicoactivas, incluyendo el alcohol, otras drogas de abuso, o fármacos.
Sumisión química en contextos de fiesta
Se trata de un problema que afecta especialmente a la población juvenil en contextos de fiesta u ocio nocturno, donde a menudo el uso de alcohol y otra drogas se combina con la búsqueda de parejas sexuales. Estudios recientes indican que una de cada dos mujeres y uno de cada cuatro hombres de entre 18 y 35 años han sufrido violencia sexual facilitada por drogas en contextos de fiesta.
Prevalece la sumisión química oportunista
Los agresores suelen actuar de forma oportunista, es decir, aprovechándose de la vulnerabilidad ocasionada por el consumo voluntario de alcohol u otras sustancias por parte de la víctima. En estos casos se habla de sumisión química oportunista o vulnerabilidad química. A su vez, se habla de sumisión química proactiva cuando los agresores favorecen el consumo involuntario de sustancias por parte de la víctima, por ejemplo, administrándoselas de forma encubierta, o forzándolas o presionándolas a consumir. Esta otra forma es minoritaria en contextos de fiesta, y suele venir a la memoria al hablar de la administración subrepticia de sustancias como escopolamina (burundanga) u otras "drogas de la violación".
Pornografía
El consumo de pornografía está ampliamente extendido en la población juvenil. En España, dos de cada tres jóvenes de entre 18 y 35 años admiten consumir pornografía, un 84% de los hombres, frente al 48% de las mujeres. Entre los hombres, el 44% la consumen a diario o dos o tres veces por semana, mientras que el 27% de las mujeres la consumen menos de una vez al mes. El Informe Pornografía y conductas sexuales de riesgo, de la Fundación FAD Juventud, estima que consumen pornografía 6 de cada 10 jóvenes de entre 16 y 29 años. La edad media de inicio al consumo es de 10 años.
Percepción juvenil de la pornografía
Muchos jóvenes perciben la pornografía como una fuente de educación sexual, recurriendo a ella para obtener información ante la satisfacción con la educación sexual recibida por otras fuentes. Solo el 10% de los jóvenes entre 16 y 29 años afirman estar satisfechos con la educación sexual que han recibido. Sin embargo, la pornografía puede ser, por el contrario, una fuente de desinformación sobre el sexo, difundiendo mensajes engañosos sobre la sexualidad y el consentimiento, al mostrar escenas violentas que degradan sexualmente y cosifican a las mujeres. En España, el 40% de los jóvenes reconoce consumir pornografía de alto contenido violento, clasificado como especialmente degradante o humillante.
Pornografía y violencia sexual facilitada por drogas
Existe una relación específica entre las agresiones sexuales facilitadas por drogas y la pornografía.
- ¿Hasta qué punto se consume este material? Entre las personas de 18 y 35 años, el 22% de los hombres y el 11% de las mujeres reconocen consumir pornografía que se ajusta a episodios de violencia sexual facilitada por drogas, es decir, escenas que involucran a personas dormidas, inconscientes o bajo los efectos psicoactivos de sustancias como el alcohol u otras drogas. Este tipo de contenido trata de presentar como sexualmente excitante la violencia perpetrada cuando las mujeres están dormidas o inconscientes, invisibilizando la violencia sexual y normalizando prácticas sexualmente degradantes.
- ¿Qué implicaciones tiene esta práctica? Se observa una correlación entre haber experimentado situaciones de violencia sexual facilitada por drogas estando de fiesta, y el consumo de este tipo específico de pornografía. Así, la probabilidad de haber perpetrado una agresión de este tipo es cuatro veces mayor entre quienes consumen pornografía con escenas sobre prácticas sexuales violentas mediadas por sustancias. Ahora bien, la asociación no se limita a la perpetración. As su vez, se observa también una relación entre haber sufrido violencia sexual facilitada por drogas y el consumo de dicho contenido pornográfico.
Implicaciones en Salud Pública
Resulta crucial implementar estrategias de salud pública que aborden el impacto de la pornografía como fuente de desinformación sexual, para educar en consentimiento y prevenir la normalización de las conductas sexuales violentas representadas en la pornografía.
Autor: Pablo Prego Meleiro
